Tratamientos naturales, populares y tradicionales:

Plan de fertilidad natural

El diagnóstico convencional de infertilidad se basa en una visión demasiado simple y mecanicista de la fecundación. Viene a suponer que si hay un esperma y un óvulo más o menos sanos y ningún obstáculo entre ellos, el embarazo debiera ser posible. Si éste no se produce, entonces se sortean las dificultades en el laboratorio y ya está: se toman el esperma y el óvulo y se agita. Pero la realidad es que el proceso reproductivo tiene todavía mucho de misterioso y sobre él influyen factores que a menudo se desprecian, quizá porque no se pueden manipular en laboratorios. Por eso las medicinas naturales, que en general tratan de que el organismo entero recupere el equilibrio, están indicadas para enfrentarse al problema complejo de la infertilidad, que frecuentemente puede ser la consecuencia de un trastorno que se halle bastante alejado de la zona genital.

• Relajación. ¿Qué tendría que hacer una pareja que desea quedarse embarazada? Puede empezar por practicar alguna técnica de relajación. Está demostrado que el estrés reduce la fertilidad. Según la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva, los niveles altos de ansiedad cambian los flujos de hormonas en las mujeres, causan ovulación irregular, espasmos en las trompas de Falopio y contracciones uterinas que pueden impedir la implantación de los embriones. En los hombres, disminuyen la cantidad y la calidad de los espermatozoides. Dependiendo de los expertos consultados, la culpa del estrés en la infertilidad va del 5 al 40% de los casos.

• Alimentación. Si los alimentos de cultivo ecológico son siempre recomendables, mientras se busca el embarazo y durante la gestación son casi una elección vital para la mujer. Los residuos de plaguicidas pueden alterar el equilibrio endocrino de la madre y afectar al desarrollo sexual y neurológico del bebé. Además, los plaguicidas se acumulan en los tejidos corporales grasos y llegan hasta la leche materna.

La dieta debe proporcionar a los futuros padres la energía y los nutrientes suficientes. Un peso demasiado bajo, o una dieta restrictiva, reduce las posibilidades de engendrar, tanto en el hombre como en la mujer, y si el peso es demasiado elevado, aumenta, en caso de conseguirlo, los riesgos de sufrir complicaciones durante el embarazo y el parto, tales como presión arterial alta o diabetes, además de dolores de espalda, de rodillas y cansancio.

No obstante, hay que tener en cuenta que no es la grasa total, sino el modo en que se distribuye por el cuerpo lo que afecta la fertilidad. Una investigación realizada en Holanda ha mostrado que las mujeres cuyas caderas eran más anchas que sus cinturas tenían más probabilidades de quedarse embarazadas que las mujeres que tenían un talle amplio.

Si el seminograma, el análisis que mide la cantidad y calidad de los espermatozoides, es deficiente, la mejora de la dieta no producirá efectos inmediatos, pero en el plazo de tres meses -el tiempo que tardan en maduras los espermatozoides- es de esperar que los resultados se normalicen.

Javier, después de buscar el embarazo durante dos años, se hizo un seminograma que mostró un esperma de baja calidad. Acudió a su doctora de cabecera en la seguridad social para que lo derivara a un andrólogo o a un servicio hospitalario de reproducción asistida si fuera necesario. Al tiempo se interesó por lo que costaban los tratamientos de fertilización in vitro en las clínicas privadas. “Pero la doctora quiso hacer un experimento conmigo -cuenta Javier. Me dijo que durante 4 meses dejara de fumar y tomara un gramo diario de vitamina C, y que después repitiera el análisis de semen. Lo hice así y el resultado fue espectacular: la cantidad de espermatozoides se había multiplicado más de 10 veces, ya era normal, y el mes siguiente mi mujer se quedó embarazada”.

• Ejercicio físico. La calidad del esperma y la disposición del óvulo hacia la fecundación puede mejorarse sustituyendo sedentarismo por ejercicio diario de intensidad moderada. Demasiada actividad física —correr más de 150 km a la semana o hacer más de 80 en la bicicleta— puede resultar contraproducente para la producción de esperma.

También conviene que los hombres vigilen la temperatura de sus testículos. Las prendas de fibra artificial o demasiado ajustadas y los baños calientes prolongados pueden hacer que estén demasiado calientes, con efectos negativos para la producción. Ésta necesita una temperatura ligeramente inferior a la corporal (por eso los testículos están “fuera” del cuerpo).

• Hacer el amor. Parece obvio, pero para lograr el embarazo ayuda mucho hacer el amor a menudo. No obstante, no tiene sentido malgastar energías cuando la fecundación es imposible. Ésta sólo puede tener lugar en las 24 horas que siguen al momento en que el óvulo es liberado por el ovario, pero el periodo fértil se alarga porque los espermatozoides pueden permanecer vivos en la vagina hasta cinco días si encuentran las condiciones adecuadas.

En los días lejanos a la ovulación, no conviene que el hombre eyacule más de una vez cada tres días, ni tampoco menos. Después de diez días en los testículos, los espermatozoides ya no están en forma para alcanzar su meta. En cambio, en torno al momento de la ovulación, esto es, entre 14 días y 17 días antes del periodo menstrual, cuanto más frecuentemente se haga, mejor.

El acto sexual debe transcurrir al margen de cualquier estrés, incluso el motivado por el afán de concebir. Por eso conviene desconectar de la rutina y preparar un ritual adornado con velas, baños o masajes con aceites esenciales, música y todo lo que contribuya al placer y la ternura.

Medicina natural para curar dolencias y enfermedades con remedios populares, caseros y tradicionales.

Algunos autores consideran que es conveniente que la mujer alcance un grado de excitación óptimo porque los movimientos espasmódicos del orgasmo facilitan el árduo trayecto de los espermatozoides.

En cuanto a la postura, parecen más convenientes aquellas en que la mujer está boca arriba y con la cadera por encima de la cintura (se puede buscar la ayuda de un cojín). Después de la eyaculación, es recomendable que la mujer permanezca tumbada durante 20 minutos. Esto da tiempo al esperma a deslizarse por la vagina y empaparse en el moco cervical.

Para determinar el momento de la ovulación, existen test a la venta en farmacias y métodos como la lente PG-53 (1) o la llamada “fertilidad consciente”, en que la pareja observa los cambios en la temperatura basal, el estado del moco cervical y la posición del cérvix. Los cambios en la temperatura basal —se toma al despertarse, a primera hora de la mañana, cuando el cuerpo registra la temperatura más baja del día— sirve para identificar la ovulación e incluso el embarazo.

Tomándose la temperatura diariamente es posible detectar un ligero aumento al incrementarse los niveles de progesterona después de la ovulación. La temperatura permanece elevada hasta la menstruación, unos 14 días, y luego cae. Si permanece alta más de 17 días, el embarazo es muy probable.

La eficacia del método se puede mejorar observando también el estado del moco cervical, el signo más evidente de fertilidad. Cuando es casi transparente, húmedo y elástico, está preparado para recibir el esperma, conservarlo y ayudarle a llegar a su objetivo. La posición del cérvix en la vágina es el tercer síntoma de ovulación observable. Los días infértiles se encuentra alto, su abertura es estrecha y está duro. A medida que se acerca la ovulación, desciende, se abre y se ablanda, invitando a que el esperma penetre.

Por otra parte, la fertilidad varía con las estaciones. Existen evidencias de que tanto el esperma como los óvulos están más dispuestos a unirse durante determinadas épocas del año. La cantidad de espermatozoides presentes en el esperma aumenta entre febrero y mayo, mientras que el óvulo está más dispuesto entre octubre y marzo, sobre todo en noviembre. Aunque no se conoce el mecanismo concreto para que esto suceda, es posible que tenga relación con ciclos de actividad de las glándulas adrenales o la pituitaria.

• Ritmo menstrual. Las alteraciones del ciclo menstrual son una de las causas más frecuentes de infertilidad. Una mujer menstrua unas 500 veces a lo largo de su vida y en muchos casos el proceso va acompañado de molestias, en la mayoría de los casos no patológicas. La menstruación irregular, escasa, abundante o la presencia de coágulos son síntomas que hacen pensar en alteraciones del ciclo que necesitan atención.

Es importante tener en cuenta que el sistema reproductivo no funciona en el vacío, al margen del resto del cuerpo. Si cualquier órgano sufre problemas, es probable que la capacidad reproductiva se resienta, tanto en el hombre como en la mujer. Algunos expertos aseguran que la sensibilidad del ciclo femenino llega al punto de que la luz que entra por las ventanas del dormitorio durante la noche puede alterarlo.

La menstruación tiene tan poco valores positivos asociados en nuestra sociedad que muchas mujeres e incluso médicos han recibido como una bendición el nuevo método anticonceptivo que espacia las reglas tres meses. No parece importar que se toque uno de los procesos fisiológicos básicos en la mujer. Sin embargo, la menstruación debiera ser “sacralizada”: implica que el cuerpo está preparándose constantemente para crear una nueva vida y está en relación con el funcionamiento del sistema inmunitario femenino. Si fuera aceptada y asumida quizá las molestias asociadas serían menos frecuentes, los ciclos más regulares, y el cuerpo estaría más dispuesto para la fecundación. Estar abierto a la vida parece una buena ayuda para lograr un embarazo.

• Plantas medicinales. La fitoterapia occidental dispone de remedios que favorecen la fertilidad. El sauzgatillo (Vitex agnus castus), según una investigación realizada en la Universidad de Gotinga (Suecia), actúa sobre la glándula pituitaria de tal manera que regula la secreción de progestorona y de estrógenos, favoreciendo así un equilibrio hormonal favorable a la fecundación. Una dosis recomendable se sitúa en torno a los 150-250 mg diarios, en cápsulas, durante varios meses.

El remedio llamado “falsa raíz de unicornio” (Chamaelirium luteum) tiene como principal uso en los países anglosajones la regulación de los desequilibrios emocionales y la infertilidad femenina (en el caso de los hombres se utiliza para la impotencia). Tal es su fama que es común que los herbolarios adviertan a sus clientes de que no la tomen si no quieren quedarse embarazadas. Además ayuda a prevenir el aborto y las hemorragias. El problema es que esta planta no se encuentra en las herbodietéticas españolas.

• Hábitos. Casi todo, poco o mucho, puede influir sobre la fertilidad de una persona. Si se analiza cualquier cosa, se encuentra alguna relación. Por ejemplo, cualquier actividad que mantenga el escroto demasiado caliente reduce la producción de esperma y por tanto la fertilidad. Los largos baños calientes, ir en bicicleta o conducir demasiadas horas, llevar calzoncillos de polyester y pantalones ajustados o trabajar con un ordenador portátil sobre las rodillas son algunas de estas actividades. Por otra parte, se ha demostrado que una buena higiene dental aumenta la fertilidad. Evidentemente la dieta sana y el ejercicio físico forman parte de los hábitos fértiles.

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